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Biblia en un año
Febrero 26

Levítico 21:1-24
1. El SEÑOR le ordenó a Moisés que les dijera a los sacerdotes, hijos de Aarón: «No se contaminen tocando el cadáver de alguien de su pueblo,
2. excepto en el caso de un pariente cercano, como su madre, su padre, su hijo, su hija, su hermano
3. o una hermana soltera que, por no tener marido, dependa de él.
4. Como jefes de su pueblo, no deben hacerse impuros ni contaminarse.
5. »Los sacerdotes no se raparán la cabeza, ni se despuntarán la barba ni se harán heridas en el cuerpo.
6. Deben ser santos para su Dios, y no profanar su nombre. Son ellos los que presentan al SEÑOR las ofrendas por fuego, que son como el pan de su Dios. Por eso deben ser santos.
7. »Ningún sacerdote se casará con una prostituta, ni con una divorciada, ni con una mujer que no sea virgen, porque está consagrado a su Dios.
8. Considéralo santo, porque él ofrece el pan de tu Dios. Santo será para ti, porque santo soy yo, el SEÑOR, que los santifico a ustedes.
9. »La hija de un sacerdote que se hace prostituta se profana a sí misma y profana a su padre. Deberá ser quemada viva.
10. »Aquel que sea elegido sumo sacerdote entre sus hermanos, y sobre cuya cabeza se haya derramado el aceite de la unción, y a quien se le haya conferido autoridad para llevar las vestiduras sacerdotales, no deberá andar despeinado ni rasgarse las vestiduras.
11. »No entrará en ningún lugar donde haya un cadáver. »No deberá contaminarse, ni siquiera por su padre o por su madre.
12. »No saldrá del santuario, para no profanar el santuario de su Dios, porque ha sido consagrado mediante el aceite de la unción divina. Yo soy el SEÑOR.
13. »La mujer que tome por esposa debe ser virgen.
14. No debe casarse con una viuda, ni con una divorciada ni con una prostituta. Debe casarse con una virgen de su mismo pueblo,
15. para que no profane su descendencia entre su pueblo. Yo soy el SEÑOR, que lo santifica.»
16. El SEÑOR le ordenó a Moisés
17. que le dijera a Aarón: «Ninguno de tus descendientes que tenga defecto físico deberá acercarse jamás a su Dios para presentarle la ofrenda de pan.
18. En efecto, no deberá acercarse nadie que tenga algún defecto físico: ninguno que sea ciego, cojo, mutilado, deforme,
19. lisiado de pies o manos,
20. jorobado o enano; o que tenga sarna o tiña, o cataratas en los ojos, o que haya sido castrado.
21. Ningún descendiente del sacerdote Aarón que tenga algún defecto podrá acercarse a presentar al SEÑOR las ofrendas por fuego. No podrá acercarse para presentarle a su Dios la ofrenda de pan por tener un defecto.
22. Podrá comer de la ofrenda de pan, tanto del alimento santo como del santísimo,
23. pero por causa de su defecto no pasará más allá de la cortina ni se acercará al altar, para no profanar mi santuario. Yo soy el SEÑOR, que santifico a los sacerdotes.»
24. Y Moisés les comunicó todo esto a Aarón y a sus hijos, y a todos los israelitas.

Levítico 22:1-33
1. El SEÑOR le ordenó a Moisés
2. que les dijera a Aarón y a sus hijos: «Traten con mucho respeto las ofrendas sagradas que me consagran los israelitas, para no profanar mi santo nombre. Yo soy el SEÑOR.»
3. También le ordenó decirles: «Si alguno de los descendientes de Aarón está ritualmente impuro y se acerca a las ofrendas que los israelitas consagran al SEÑOR, será eliminado de mi presencia. Yo soy el SEÑOR.
4. »Si un descendiente de Aarón padece de alguna enfermedad infecciosa en la piel, o de derrame seminal, deberá abstenerse de comer de las ofrendas sagradas, hasta que se purifique. Cualquiera que toque un objeto contaminado por el contacto con un cadáver, o que tenga derrame de semen,
5. o que toque algún animal u hombre impuros, cualquiera que sea la impureza,
6. quedará impuro hasta el anochecer. Por tanto, se abstendrá de comer de las ofrendas sagradas. Lavará su cuerpo con agua,
7. y al ponerse el sol quedará puro. Después de esto podrá comer de las ofrendas sagradas, porque son su alimento.
8. No deberá comer nada que sea hallado muerto o despedazado por las fieras, pues de lo contrario quedará impuro. Yo soy el SEÑOR.
9. »Los sacerdotes cumplirán con mis instrucciones, y así no pecarán ni sufrirán la muerte por haber profanado las ofrendas. Yo soy el SEÑOR, que santifico a los sacerdotes.
10. »Nadie ajeno a la familia sacerdotal comerá de las ofrendas sagradas, ni tampoco comerá de ellas ningún huésped del sacerdote, ni su jornalero.
11. Pero sí podrá comer de ellas el esclavo comprado por un sacerdote, y el esclavo nacido en casa del mismo.
12. Si la hija de un sacerdote se casa con alguien que no sea sacerdote, no podrá comer de las ofrendas recibidas como contribución.
13. Pero si queda viuda o divorciada y, sin haber tenido hijos, regresa a la casa de su padre como cuando era soltera, entonces sí podrá comer del alimento de su padre. Pero nadie ajeno a la familia sacerdotal está autorizado para comerlo.
14. »Si inadvertidamente alguien come de una ofrenda sagrada, deberá restituir la ofrenda al sacerdote y añadirle una quinta parte de su valor.
15. »No deberán los sacerdotes profanar las ofrendas sagradas que los israelitas presentan al SEÑOR,
16. porque al permitir que las coman harán recaer sobre sí mismos un pecado que requiere un sacrificio por la culpa. Yo soy el SEÑOR, que los santifico.»
17. El SEÑOR le ordenó a Moisés
18. que les dijera a Aarón y a sus hijos, y a todos los israelitas: «Si alguno de ustedes, sea israelita o extranjero residente en Israel, presenta un holocausto al SEÑOR para cumplir un voto, o como ofrenda voluntaria,
19. para que le sea aceptado deberá presentar un macho sin defecto de entre el ganado vacuno, ovino o cabrío.
20. No presenten ningún animal que tenga algún defecto, porque no se les aceptará.
21. »Si alguien, para cumplir un voto especial o como ofrenda voluntaria, le presenta al SEÑOR ganado vacuno u ovino como sacrificio de comunión, para que el animal le sea aceptado no deberá tener ningún defecto.
22. No deberán presentarle al SEÑOR, como ofrenda por fuego, animales ciegos, cojos, mutilados, llagados, sarnosos ni tiñosos. No ofrecerán en el altar ningún animal así.
23. Podrán presentar como ofrenda voluntaria una res o una oveja deforme o enana, pero tal ofrenda no será aceptada en cumplimiento de un voto.
24. »No ofrecerán al SEÑOR ningún animal con los testículos lastimados, magullados, cortados o arrancados. No harán esto en su tierra.
25. No recibirán de manos de un extranjero animales así, para ofrecerlos como alimento del Dios de ustedes. No se les aceptarán porque son deformes y tienen defectos.»
26. El SEÑOR le dijo a Moisés:
27. «Cuando nazca un ternero, un cordero o un cabrito, se quedará con su madre durante siete días. Del octavo día en adelante será aceptable al SEÑOR como ofrenda por fuego.
28. »No degollarán el mismo día una vaca o una oveja con su cría.
29. »Cuando sacrifiquen una ofrenda de acción de gracias al SEÑOR, háganlo de tal modo que les sea aceptada.
30. Deberá comerse ese mismo día, sin dejar nada para el siguiente. Yo soy el SEÑOR.
31. »Obedezcan mis mandamientos y pónganlos por obra. Yo soy el SEÑOR.
32. »No profanen mi santo nombre sino reconózcanme como santo en medio de los israelitas. Yo soy el SEÑOR, que los santifica.
33. Yo los saqué de Egipto para ser su Dios. Yo soy el SEÑOR.»

Salmos 27:11-14
11. Guíame, SEÑOR, por tu camino; dirígeme por la senda de rectitud, por causa de los que me acechan
12. No me entregues al capricho de mis adversarios, pues contra mí se levantan falsos testigos que respiran violencia.
13. Pero de una cosa estoy seguro: he de ver la bondad del SEÑOR en esta tierra de los vivientes.
14. Pon tu esperanza en el SEÑOR; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el SEÑOR!

Proverbios 10:13-16
13. En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, sólo garrotazos.
14. El que es sabio atesora el conocimiento, pero la boca del necio es un peligro inminente.
15. La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina.
16. El salario del justo es la vida; la ganancia del malvado es el pecado.

Marcos 5:21-43
21. Después de que Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se reunió alrededor de él una gran multitud, por lo que él se quedó en la orilla.
22. Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se arrojó a sus pies,
23. suplicándole con insistencia: —Mi hijita se está muriendo. Ven y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva.
24. Jesús se fue con él, y lo seguía una gran multitud, la cual lo apretujaba.
25. Había entre la gente una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias.
26. Había sufrido mucho a manos de varios médicos, y se había gastado todo lo que tenía sin que le hubiera servido de nada, pues en vez de mejorar, iba de mal en peor.
27. Cuando oyó hablar de Jesús, se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto.
28. Pensaba: «Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré sana.»
29. Al instante cesó su hemorragia, y se dio cuenta de que su cuerpo había quedado libre de esa aflicción.
30. Al momento también Jesús se dio cuenta de que de él había salido poder, así que se volvió hacia la gente y preguntó: —¿Quién me ha tocado la ropa?
31. —Ves que te apretuja la gente —le contestaron sus discípulos—, y aun así preguntas: “¿Quién me ha tocado?”
32. Pero Jesús seguía mirando a su alrededor para ver quién lo había hecho.
33. La mujer, sabiendo lo que le había sucedido, se acercó temblando de miedo y, arrojándose a sus pies, le confesó toda la verdad.
34. —¡Hija, tu fe te ha sanado! —le dijo Jesús—. Vete en paz y queda sana de tu aflicción.
35. Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos hombres de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle: —Tu hija ha muerto. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?
36. Sin hacer caso de la noticia, Jesús le dijo al jefe de la sinagoga: —No tengas miedo; cree nada más.
37. No dejó que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Jacobo y Juan, el hermano de Jacobo.
38. Cuando llegaron a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús notó el alboroto, y que la gente lloraba y daba grandes alaridos.
39. Entró y les dijo: —¿Por qué tanto alboroto y llanto? La niña no está muerta sino dormida.
40. Entonces empezaron a burlarse de él, pero él los sacó a todos, tomó consigo al padre y a la madre de la niña y a los discípulos que estaban con él, y entró adonde estaba la niña.
41. La tomó de la mano y le dijo: —Talita cum (que significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!).
42. La niña, que tenía doce años, se levantó en seguida y comenzó a andar. Ante este hecho todos se llenaron de asombro.
43. Él dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de lo ocurrido, y les mandó que le dieran de comer a la niña.